La última vez que Ivana Molina escuchó la voz de Alejandro José Ramírez Mejía, no hubo presentimientos.No hubo despedidas largas.Solo una promesa cotidiana: “cuando llegue, te llamo”. Pero esa llamada nunca llegó. Durante horas interminables, en una casa humilde de Fonseca, La Guajira, el silencio del teléfono se convirtió enContinuar leyendo…

A las 9:20 de la mañana, Alejandro José Ramírez Mejía todavía estaba ahí.Escribía. Enviaba fotos. Hablaba con Ivana Molina, la mujer de sus sueños, madre de sus dos hijos, que lo esperaba en Fonseca, para casarse en la iglesia San Agustin, en la tierra del retorno. Minutos después, el silencio.Continuar leyendo…