80 unidades productivas de ocho corregimientos reciben capacitación, herramientas e infraestructura para fortalecer la agroindustria, la gastronomía y el turismo comunitario.






En la carretera que conecta a Riohacha con el corregimiento de Cuestecitas el paisaje cambia lentamente. La brisa del Caribe se mezcla con el polvo de la sabana seca, los trupillos se inclinan ante el viento y, de vez en cuando, aparece un pequeño poblado que guarda historias antiguas del vallenato.
Dicen los viejos que por esos caminos polvorientos caminó alguna vez Francisco el Hombre, el mensajero que llevaba noticias de pueblo en pueblo acompañado por su acordeón. Hoy, más de un siglo después, esa misma ruta vuelve a tener movimiento, pero ya no solo por la música, sino por la esperanza de quienes viven de su trabajo cotidiano.
La llamada Ruta Francisco El Hombre fue activada por el gobernador Jairo Aguilar Deluque, una estrategia que busca fortalecer la economía popular en ocho corregimientos rurales del distrito de Riohacha: Villamarín, Cotopríx, Monguí, Tomarrazón, Glalán, La Arena, Tomarrazón, por donde aun se siente el eco de la vieja acordeón, que hacia trinar el legendario Francisco Moscote, el hombre que se enfrentó al diablo.
En estos pueblos, donde la vida transcurre al ritmo del sol y la tradición, 80 unidades productivas recibieron apoyo para mejorar sus emprendimientos. Son negocios familiares que nacieron en patios, cocinas o pequeños puestos a la orilla de la carretera. Allí se mezclan el olor de los dulces tradicionales, la carne recién preparada, el café colado y las recetas que han pasado de generación en generación.
Treinta restaurantes, veinticinco dulceras y veinticinco carnicerías hacen parte de esta red productiva que ahora busca convertirse también en un atractivo turístico.
“Estamos cumpliendo con hechos. La economía popular es la base del desarrollo de nuestro territorio y fortalecer a nuestros emprendedores significa fortalecer a La Guajira”, expresó el gobernador durante la jornada de entrega.
Los saberes de la carretera



Antes de la entrega de herramientas, llegó el aprendizaje. Un chef capacitador y varios instructores recorrieron los corregimientos enseñando prácticas de higiene, manipulación de alimentos y presentación de productos. Para muchos emprendedores fue la primera vez que escuchaban hablar de buenas prácticas de manufactura o prevención de contaminación en la cocina.
Pero también hubo espacio para hablar de algo igual de importante: cómo convertir la tradición en negocio sostenible.
Se compartieron conocimientos sobre productividad, formalización, atención al cliente y desarrollo de marca, con la idea de que cada puesto en la carretera pueda convertirse en una parada obligada para los viajeros.
Equipos que cambian la rutina
Con el proceso de formación terminado, llegó la etapa más esperada: la entrega de herramientas.
Refrigeradores, neveras de exhibición, utensilios de cocina y equipos para carnicería comenzaron a llegar a los pequeños negocios que durante años funcionaron con recursos mínimos.
En muchos casos, estos elementos representan la diferencia entre sobrevivir día a día o crecer.
Pero quizás el cambio más visible se encuentra a la orilla de la carretera.
Las casetas del sueño cumplido
A lo largo de la ruta se construyeron 13 casetas destinadas especialmente a las dulceras que por décadas vendieron sus productos bajo el sol inclemente de La Guajira o bajo la lluvia inesperada del Caribe.
Allí está ahora Mireya Ávila, una mujer de manos curtidas por el trabajo y mirada serena. Durante más de treinta años vendió dulces tradicionales en Monguí.
“Tengo más de 30 años vendiendo dulces. Siempre soñé con tener un kiosco para vender nuestros productos. Cuando llovía nos mojábamos y el sol nos castigaba. Siempre estábamos a la intemperie, pero con este beneficio vamos a descansar de esas angustias”, cuenta mientras acomoda sus bandejas de cocadas y enyucados.
Las casetas no solo ofrecen protección frente al clima; también dignifican el trabajo de quienes han sostenido la tradición gastronómica del territorio.
Un camino que mezcla historia y futuro
Hoy la Ruta Francisco El Hombre no es solo un homenaje al personaje mítico del vallenato. Es también un camino económico y cultural que conecta historia, turismo y emprendimiento rural.
En cada parada hay un relato: una receta heredada de las abuelas, un negocio familiar que resistió décadas o una comunidad que encontró en la carretera una oportunidad para salir adelante.
Y mientras los viajeros avanzan entre Riohacha y Cuestecitas, quizá ya no escuchen el acordeón del legendario mensajero, pero sí el bullicio de los nuevos emprendedores que, con dulces, comidas y artesanías, mantienen viva la tradición de esta tierra.
Porque en La Guajira, a veces, las rutas no solo cuentan historias: también ayudan a escribir el futuro.
