LUTO: Falleció doña Dilia Chassaine, la mujer que enseñó a servir en silencio

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Un adios para una mujer luchadora

No todas las vidas se miden por los cargos ocupados ni por los aplausos recibidos. Algunas se miden por las manos que sostuvieron, por las lágrimas que secaron y por las puertas de hospital que cruzaron sin hacer ruido. Así fue la vida de doña Dilia Chassaigne Vda. de Ávila, “Yiya”, quien falleció en Barranquilla dejando en La Guajira una herencia que no cabe en una placa conmemorativa.

En Riohacha su nombre no solo pertenece a una familia respetada; pertenece también a una historia de servicio que comenzó cuando tenía apenas 26 años. En una época en la que el voluntariado femenino apenas empezaba a organizarse en la región, Yiya reunió a un grupo de amigas y decidió que el dolor ajeno no podía ser indiferente. Así nació la semilla de lo que hoy es la Damas Rosadas Seccional La Guajira.

Pero más que fundadora, fue formadora. Formó carácter, formó conciencia social, formó generaciones de mujeres que entendieron que servir no es figurar. Su liderazgo no se impuso; se inspiró. No fue estridente; fue constante. Mientras otros buscaban reconocimiento, ella prefería el anonimato del pasillo hospitalario, la conversación baja al lado de una cama, el gesto sencillo que reconforta.

Quienes la conocieron saben que su obra no fue solo institucional. Fue profundamente humana. Supo escuchar cuando nadie más tenía tiempo, acompañar cuando la enfermedad aislaba y recordar que la solidaridad no es un evento, sino una práctica diaria.

El 14 de diciembre de 2024, durante los 60 años de la organización que ayudó a crear, recibió un homenaje que muchos consideraron tardío frente a la magnitud de su legado. Sin embargo, quienes la trataron saben que para ella el verdadero reconocimiento siempre estuvo en la sonrisa recuperada de un paciente o en la gratitud silenciosa de una familia.

Hoy La Guajira no despide únicamente a una dama distinguida. Despide a una mujer que convirtió la compasión en estructura, la fe en acción y la amistad en servicio organizado. Su partida cierra un capítulo, pero su ejemplo seguirá abriendo caminos.

Porque hay personas que construyen edificios. Y hay otras, como Yiya, que construyen conciencia. Y esas, aun cuando se van, nunca dejan de estar.

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