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El alcalde Genaro Redondo, visitando las comunidades

24 horas después, las lluvias continuan cayendo sobre la ciudad de Riohacha y otras regiones de La Guajira. El fenomeno atmoferico se inició la noche del domingo. Descargas electricas que dejaron sin energía gran parte del norte de La Guajira. Solo trueno y agua, si brisas, pero a medida que entró la madrugada de este lunes, cuando los parroquianos comenzaban a preparar su salida para ir a la catedral, se percataron que sus casas estaban inundadas. Las calles intransitables y las carpas instaladas por los medios de comunicación en el parque Padilla, estaban inundadas y si fluido electrico.

El caos fue total este dos de febrero en Riohacha. Por primera vez, desde que se tenga información, nunca antes, la fiesta de la ‘Vieja Mello’ habia estado pasada por agua.

24 horas después, las lluvias no cesan en Riohacha. El alcalde Genaro Redondo, el gobernador Jairo Aguilar, y muchos senadores que visitaban a esta ciudad, se fueron para las cinco comunas más afectadas para mirar de cerca lo que vive esta ciudad, cada vez que San Pedro, suelta sus compuertas.

Cuando amaneció, la ciudad ya no era la misma: calles convertidas en ríos lentos, viviendas anegadas y familias enteras intentando salvar lo poco que el agua no había tocado.

En barrios del sur y occidente de la capital guajira, el agua entró sin pedir permiso. En Villa Fátima, Dividivi, La Mano de Dios, Nuevo Horizonte y otros sectores vulnerables, los vecinos despertaron con los pies sumergidos y los enseres flotando.

Bajo el agua, la casa del periodista Sixto Carrillo.

El periodista Sixto Carrillo de Cardenal Estereo, no pudo cumplir su cita con los oyentes, porque sus zapatos fueron arrastrados por las corrientes que penetraron por cualquier parte en su casa de la urbanización Iguaraya, en donde antes habia una laguna y levantaron una pequeña ciudadela, que ahora sufre los estragos del invierno, porque el agua regresa a buscar su lecho natural.

Colchones, neveras, cuadernos escolares y ropa quedaron atrapados en una mezcla de lluvia y aguas estancadas que, con el paso de las horas, empezó a oler a resignación.

“Anoche no dormimos. Tocó levantar a los niños y subir todo a bloques”, cuenta una madre mientras escurre una sábana empapada. A su alrededor, el silencio solo lo rompe el sonido del agua moviéndose lentamente, como si se negara a irse.

Las lluvias, se han prolongado, llevamos 24 horas cayendo agua sin cesar. Se han desbordado los canales naturales y evidenciaron, una vez más, la fragilidad del sistema de drenaje urbano.

En varios puntos de la ciudad, el alcantarillado colapsó y las calles se volvieron intransitables. Motocicletas varadas, transporte público suspendido y comercios cerrados marcaron la jornada.

Las autoridades locales activaron planes de contingencia y un Puesto de Mando Unificado para evaluar daños y coordinar la atención de la emergencia. Sin embargo, en los barrios más afectados, la ayuda tarda en llegar y la comunidad se organiza como puede: unos con escobas, otros con baldes, todos con la esperanza de que el cielo dé tregua.

Más allá de las cifras preliminares de familias afectadas, la crónica de esta emergencia se escribe en pequeños gestos: el vecino que presta una extensión para salvar un electrodoméstico, la abuela que protege documentos envueltos en bolsas plásticas, el niño que pregunta cuándo volverá a la escuela.

Los almuerzos para los asistentes al encuentro de Ana Mais, fueron llevados a los afectados por las lluvias por orden del candidato presidencial Abelardo De La Espriella.

El candidato presidencial Abelardo De La Espriella, quien tenia una reunión privada con más de 500 asistente, ordenó que todos los almuerzos fueran entregados a los organismo de emergencia y determinó cancelar el encuentro para ir personalmente a conocer la situación en algunos lugares.

“A Riohacha y toda La Guajira, definitivamente hay que meterle la mano con obras bien planeadas para evitar que cada vez que llueve se presenten estas situaciones lamentable” dijo De La Espriella, al divisar lo que vivian en ese momento los habitantes de Villa Fatima, una zona ubicada al extremo norte de esta capital, en donde conviven familias wayuu, migrantes y gente de otras regiones colombiana.

Abelardo De La Espriella

En La Guajira, tierra históricamente golpeada por la sequía, la paradoja vuelve a hacerse presente: cuando llueve, duele. Y duele porque el agua llega sin preparación, sin infraestructura suficiente y sin soluciones de fondo que eviten que cada temporada invernal se convierta en una repetición de pérdidas.

Boris Pinzón, director de la Fundación Guajira Aventura, reveló que las playas de Riohacha fueron declaradas en emergencia y cerradas con bandera rojas para evitar que los bañistas se metieran al mar debido al fuerte oleaje que estaba azotando la zona costera de este departamento.

Los niveles del agua no bajan con facilidad, lo que poco que llega al río, son reemplazado por nuevas corrientes que bajan desde el sur y el occidente. El el barro empieza a marcar las paredes de las casas, en Riohacha queda la sensación de siempre: que la emergencia pasará, pero la vulnerabilidad seguirá esperando la próxima lluvia.

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