



En el corazón institucional de La Guajira, donde la política suele entrelazarse con las urgencias sociales del territorio, se vivió una jornada cargada de simbolismo democrático. No fue un día cualquiera: el Consejo Nacional Electoral (CNE) oficializó la entrega de credenciales a quienes tendrán la misión de representar al departamento en la Cámara durante el periodo 2026–2030.
El acto, sobrio pero significativo, estuvo encabezado por el magistrado Ricardo Andrés Estrada Piña, quien validó la transparencia del proceso tras semanas de escrutinio. En su voz se percibía no solo la formalidad del deber cumplido, sino también la intención de enviar un mensaje de confianza a una ciudadanía que históricamente ha exigido garantías electorales.
“Hoy entregamos estas credenciales con la certeza de que representan la voluntad soberana del pueblo guajiro”, afirmó, subrayando que el proceso estuvo “blindado” por herramientas tecnológicas como la plataforma de consolidación electoral. En un territorio donde cada voto cuenta en medio de desafíos estructurales, esa afirmación no pasó desapercibida.
Uno a uno, los nombres llamados al frente fueron tomando forma como protagonistas del nuevo capítulo legislativo. Juan Loreto Gómez Soto recibió su credencial con la seguridad de quien repite en la arena política, respaldado por una de las votaciones más altas. Su trayectoria le impone ahora el reto de transformar la confianza electoral en resultados tangibles.
A su turno, Jorge Armando Figueroa Angaria asumió la curul con el impulso de sectores que reclaman renovación y una agenda más cercana a las realidades locales. Su elección simboliza, para muchos, la expectativa de nuevas formas de gestión y diálogo con las comunidades.
Más allá de los nombres propios, la jornada también dejó ver el trabajo silencioso de las comisiones escrutadoras, encargadas de garantizar que la diversidad étnica y social del departamento tuviera reflejo en las urnas. En La Guajira, donde conviven comunidades indígenas, sectores urbanos y rurales, ese equilibrio es clave para la legitimidad del sistema.
El cierre del evento no miró únicamente al presente. El magistrado Estrada Piña proyectó la mirada hacia el próximo desafío electoral: las presidenciales del 31 de mayo. “La Guajira ha demostrado madurez democrática”, dijo, dejando claro que lo vivido no es un punto final, sino la base de lo que está por venir.
Con las credenciales en mano, los nuevos representantes no solo quedan habilitados para posesionarse. También cargan sobre sus hombros una expectativa colectiva: que esa voluntad ciudadana, hoy certificada, se traduzca en gestión, desarrollo y respuestas concretas para un departamento que sigue esperando que su voz en el Congreso se escuche con la fuerza que merece.
