EL TIGRE HABLÓ CLARO: Riohacha, escuchó con atención las propuestas de Abelardo de la Espriella, quien en medio de anécdotas analizó la crisis que vive La Guajira

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El equipo periodistico de Cardenal, en entrevista con el candidato presidencial Abelardo de la Espriella

La cabina de Cardenal Estéreo no tuvo una mañana cualquiera. Afuera, el calor habitual de Riohacha caía con fuerza, pero adentro el ambiente se movía al ritmo de la expectativa. Los oyentes lo anunciaban desde temprano: “¿A qué hora llega el tigre?”. Y el tigre llegó.

Abelardo de la Espriella entró a la cabina con seguridad, sin rodeos, y con un estilo que mezcla humor caribe, lenguaje directo y una narrativa política en construcción. Apenas tomó el micrófono, dejó claro que no venía a una entrevista tradicional. Venía a hablarle a la región, a posicionarse y a confrontar.

El inicio fue distendido. Bromas sobre el calor, identidad costeña y ese orgullo que repitió varias veces: “Yo soy un hijo del Caribe”. Pero el tono cambió rápido. La conversación giró hacia el país, hacia su aspiración presidencial y hacia un mensaje que repitió como consigna: él no promete, él se compromete.

“Fue claro y categorico” visita de Abelardo de la Espriella.

“Los políticos prometen, los empresarios nos comprometemos”, dijo, marcando distancia con la clase política tradicional y reforzando su narrativa de outsider. Se definió como independiente, sin ataduras a estructuras ni grandes capitales, y aseguró que su proyecto se sostiene “con la gente”.

Uno de los primeros puntos de fuerza fue su paso reciente por Santa Marta, donde aseguró haber reunido miles de personas sin maquinaria política. El mensaje era claro: su campaña, según él, crece sin intermediarios.

Pero fue cuando aterrizó en los problemas de La Guajira cuando su discurso tomó mayor peso. Seguridad, agua, salud y desarrollo económico marcaron el eje de sus propuestas. Sobre la inseguridad, fue categórico: denunció retenes ilegales, secuestros y el control de estructuras criminales en las vías del departamento. Su respuesta fue una promesa sin matices: “mano de hierro del Estado”.

El momento más simbólico llegó con el tema del agua. No fue un dato técnico ni una cifra. Fue una escena cotidiana: relató cómo no pudo lavarse las manos por falta de agua en la emisora. “Quedé enjabonado”, dijo, provocando risas, pero también evidenciando una realidad estructural.

A partir de ahí, su planteamiento fue claro: el problema no es la falta de estudios, sino de decisión política. Rechazó entrar en detalles técnicos y delegó en los expertos la solución, pero dejó una advertencia: exigirá resultados. “Resuelvan”, insistió, en una frase que repitió como sello de su estilo.

En salud, describió un sistema colapsado y propuso un plan de choque: estabilizarlo en 90 días con recursos para garantizar medicamentos, tratamientos y pagos al personal médico. Luego, una reforma estructural.

En economía, apostó por el emprendimiento. Habló de créditos blandos, capital semilla y una transformación del modelo estatal. “Este país no puede depender del Estado”, afirmó. También prometió fortalecer subsidios para adultos mayores y madres cuidadoras, mientras endurecería medidas contra quienes delinquen.

El tono subió aún más cuando abordó seguridad y orden público. Su discurso fue frontal, sin matices diplomáticos: habló de cárceles, de confrontación directa y de una política de autoridad. “A los bandidos, cárcel o tumba”, lanzó, dejando una de las frases más fuertes de la entrevista.

También planteó construir megacárceles, reformar el sistema penitenciario y acabar con la extorsión que, según dijo, nace en gran parte desde las prisiones. Criticó al INPEC y propuso un nuevo modelo con participación de veteranos y reservistas.

En materia energética, defendió abiertamente la explotación de recursos naturales. Reivindicó el papel del sector minero-energético y no dudó en respaldar el fracking como parte de su política económica.

Otro de los puntos que llamó la atención fue su visión del gobierno: aseguró que no viajaría al exterior durante su mandato para concentrarse en los problemas internos. Incluso propuso despachar desde las regiones, pasando una semana en cada departamento. “Voy a ser el presidente de la provincia”, afirmó.

Su discurso también tuvo espacio para lo personal. Reconoció que lo más difícil de la campaña ha sido alejarse de su familia, pero aseguró que el contacto con la gente lo impulsa. Frente a las críticas, fue tajante: “me resbalan”. Ni los aplausos lo elevan ni las críticas lo frenan, dijo.

El cierre no perdió intensidad. Invitó a una concentración pública en la ciudad y reafirmó su aspiración sin titubeos: “voy a ser presidente”.

En medio de risas, frases coloquiales y momentos de tensión, la entrevista dejó más que propuestas: dejó un estilo. Directo, confrontacional, emocional y profundamente conectado con la narrativa de orden, autoridad y regionalismo.

En una tierra marcada por la deuda histórica del Estado, la visita de Abelardo de la Espriella no pasó desapercibida. Su paso por la cabina de Cardenal Estéreo fue, más que una entrevista, una declaración de intenciones ante una Guajira que sigue esperando respuestas.

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