La Sierra Nevada de Santa Marta —considerada el corazón espiritual de los pueblos indígenas del Caribe colombiano— vuelve a escuchar el eco de los fusiles.

En las últimas semanas, el silencio de las montañas ha sido reemplazado por explosiones, ráfagas de ametralladora y el ruido de helicópteros militares que intentan evacuar heridos de una guerra que vuelve a sacudir este territorio ancestral.
Los enfrentamientos armados se concentran principalmente en la parte alta de la Sierra Nevada, en jurisdicción del municipio de Aracataca (Magdalena), especialmente cerca de comunidades indígenas arhuacas como Serankwa, donde la población civil ha quedado atrapada en medio del fuego cruzado.
Allí se libra una disputa violenta entre dos estructuras armadas ilegales:
- Clan del Golfo (Ejército Gaitanista de Colombia)
- Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN), conocidas también como Los Pachencas
Ambos grupos buscan controlar corredores estratégicos para narcotráfico, armas y economías ilegales en la región Caribe.
El territorio donde estalló la guerra

Las zonas más críticas reportadas por autoridades y organizaciones humanitarias son:
Magdalena
- Zona rural de Aracataca
- Parte alta de la Sierra Nevada
- Comunidad indígena Serankwa
- Corredores montañosos hacia Fundación y Ciénaga
Sierra Nevada (corredor regional)
- Límites entre Magdalena, Cesar y La Guajira
- Rutas clandestinas hacia el Caribe
En estos territorios se disputan rutas del narcotráfico hacia la costa, lo que convierte la Sierra en un punto estratégico para los grupos armados.
El drama humano
Los más afectados son los pueblos indígenas, especialmente la comunidad arhuaca, que vive en medio del conflicto.
Los combates han dejado:
- 3 indígenas asesinados
- varios heridos, entre ellos niños
- más de 2.800 personas confinadas en sus comunidades
- evacuaciones de emergencia por helicóptero militar.
Incluso un niño de seis años resultó herido por explosivos, mientras que varios civiles quedaron atrapados durante días sin poder salir de sus territorios.
En algunos casos, los habitantes denuncian que los grupos armados utilizan comunidades como escudo o refugio, agravando la crisis humanitaria.
Los rostros del dolor
En Santa Marta, hospitales y misiones humanitarias han recibido a los heridos.
Un operativo conjunto del Ejército y organismos humanitarios permitió evacuar a varios indígenas lesionados, entre ellos mujeres y menores de edad que quedaron atrapados en medio de los combates.
Las imágenes que circularon en medios nacionales muestran:
- indígenas arhuacos con heridas de bala
- mujeres llorando en refugios improvisados
- niños con miedo tras escuchar explosiones en la montaña
La Sierra vuelve a un viejo conflicto
La Sierra Nevada ha sido históricamente un territorio disputado por grupos armados.
Durante décadas fue bastión paramilitar del antiguo Frente Resistencia Tayrona, estructura que dominó la región bajo el mando de Hernán Giraldo, conocido como “El Señor de la Sierra”.
Tras la desmovilización de las AUC, nuevas organizaciones heredaron el control criminal del territorio, entre ellas las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra, hoy enfrentadas al Clan del Golfo por el dominio de la región.
Un riesgo mayor para la región Caribe
Las autoridades temen que esta guerra escale aún más.
Expertos en conflicto advierten que el enfrentamiento busca consolidar un corredor criminal que conecte la Sierra Nevada con rutas hacia la frontera con Venezuela y otras zonas del Caribe colombiano, lo que podría expandir la violencia hacia departamentos como Cesar y La Guajira.
Mientras tanto, líderes indígenas hacen un llamado urgente al Estado colombiano para que garantice la protección de los pueblos originarios y evite que la Sierra Nevada vuelva a convertirse en un escenario permanente de guerra.
Indígenas arhuacos evacuados en helicóptero militar
Comunidades indígenas caminando por la montaña huyendo de combates
Niños arhuacos heridos atendidos por brigadas médicas
Tropas del Ejército ingresando a la Sierra Nevada
Viviendas indígenas abandonadas tras el confinamiento
