



El mar amanecía inquieto, como si supiera que durante tres días no sería solo paisaje, sino escenario. Desde muy temprano, las playas de Riohacha empezaron a llenarse de pasos, risas, balones y remos. No era un día cualquiera de Semana Santa: era el inicio de “Actívate con el Mar 2.0”, una apuesta de la Gobernación de La Guajira por convertir el Caribe en punto de encuentro, movimiento y vida.
Más de cinco mil personas —entre deportistas, turistas y familias enteras— llegaron atraídas por algo más que el sol y la brisa. Querían vivir el mar, no solo mirarlo.
A un lado, en la arena caliente, los jóvenes corrían tras un balón en partidos de fútbol playa mientras, a pocos metros, otros saltaban frente a la red en el voleibol. Más allá, el eco de los juegos wayuu recordaba que este territorio también se mueve al ritmo de su cultura ancestral. Eran más de 500 muchachos de distintos municipios los que habían llegado hasta el distrito, muchos de ellos con el asombro intacto de competir frente al mar, compartir historias y sentirse parte de algo más grande.

Pero la verdadera magia de estas jornadas no siempre estuvo en la competencia. A ratos, el evento se parecía más a una fiesta colectiva: cuerpos en movimiento al ritmo de la rumbaterapia, bicicletas estáticas alineadas frente al horizonte en sesiones de spinning, y el murmullo del agua acompañando cada respiración.
Y cuando caía la noche, el espectáculo cambiaba de tono.
En la desembocadura del río Ranchería, donde el agua dulce se rinde ante el Caribe, decenas de luces flotaban en silencio. Eran los kayaks abriéndose paso en la oscuridad, guiados por la curiosidad y el deseo de vivir algo distinto. Desde uno de ellos, Olga Enríquez, llegada desde Cartagena, resumía la experiencia con una sonrisa que apenas se adivinaba en la penumbra: había venido a descubrir La Guajira, y terminó encontrándose con una aventura.
El evento también dejó espacio para la identidad. El lanzamiento de la cayuquera “La Sanjuanera” no fue solo un acto simbólico, sino una afirmación de que el turismo en este rincón del país también navega sobre la memoria y las tradiciones.
El cierre, como todo lo que crece bien, tuvo dos tiempos. En la mañana, los aplausos acompañaron a los ganadores de las distintas competencias; en la noche, los guantes chocaron bajo las luces de una velada boxística a orillas del mar. Allí, el deporte volvió a reinventarse, demostrando que el paisaje no es un límite, sino una posibilidad.
Durante tres días, La Guajira no fue solo destino: fue experiencia. Fue encuentro. Fue energía compartida entre propios y visitantes.
Y quizás esa sea la verdadera victoria de “Actívate con el Mar 2.0”: haber demostrado que este territorio no solo tiene paisajes que se admiran, sino espacios que se viven, se sienten y se transforman en oportunidades para su gente.
Porque cuando el mar deja de ser fondo y se convierte en protagonista, pasan cosas. En La Guajira, esta Semana Santa, pasaron muchas.
