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Perfil de las lanchas
Interior adaptado con camillas y equipos de alta tecnologica
Larry Laza, gerente interventor de hospitales de Maicao y Nazareth

Lo que comenzó como una estrategia sanitaria para reducir la mortalidad en la Alta Guajira terminó convertido en un escándalo de alcance nacional. Las ambulancias marítimas adquiridas para atender emergencias en la zona norte extrema del departamento quedaron en el centro del debate público, entre cuestionamientos políticos, suspicacias mediáticas y señalamientos sobre presuntas influencias indebidas.

En medio de esa controversia, Larry Laza, gerente interventor de los hospitales de Maicao y Nazareth, decidió romper el silencio y explicar el origen, el propósito y el estado actual de las lanchas que hoy concentran la atención del país.

Desde el hospital de Maicao —institución cabeza de red en la zona norte extrema— se coordina el sistema de referencia y contrarreferencia para territorios históricamente aislados. Allí también depende el hospital de campaña que opera en un corregimiento de Nazareth, desde donde se atienden pacientes que, en muchos casos, deben ser trasladados a Maicao o Riohacha para recibir atención de mayor complejidad.

Es precisamente en ese escenario donde las ambulancias marítimas adquieren sentido. Según Laza, las lanchas no permanecerán estacionadas en Maicao, como se afirmó en versiones difundidas a nivel nacional. Su operación estará focalizada en Puerto Estrella y Bahía Honda, puntos estratégicos desde los cuales los pacientes serán trasladados por mar hasta Puerto Bolívar y, posteriormente, por vía terrestre hacia centros hospitalarios de mayor capacidad resolutiva.

Más allá del debate político, el gerente insiste en que el impacto sanitario es innegable. En temporada de lluvias, un traslado terrestre desde Nazareth puede tardar hasta dos días, dependiendo del estado de las vías. Con las ambulancias marítimas, ese tiempo se reduciría entre cuatro y cinco horas, una diferencia que, en emergencias médicas, puede marcar la frontera entre la vida y la muerte.

Las dos lanchas ya se encuentran en La Guajira, pero aún no entran en operación. Actualmente, avanzan los trámites ante la Dirección General Marítima (DIMAR) para obtener la licencia de funcionamiento. Una vez superada esa fase, deberán recibir la habilitación sanitaria por parte de la Secretaría Departamental de Salud antes de ser desplazadas a los corregimientos donde prestarán servicio.

Uno de los puntos más sensibles del escándalo ha sido la supuesta participación de la esposa del ministro de Salud en la adquisición de las embarcaciones. Sobre ese tema, Laza fue categórico: niega cualquier tipo de intervención o direccionamiento. Asegura que el proceso se realizó mediante licitación pública, publicada en el SECOP, con criterios de selección objetiva y bajo las normas de transparencia contractual.

Mientras la polémica crece en los escenarios nacionales, en Nazareth avanza otro proceso menos visible, pero igual de trascendental: la construcción del nuevo hospital. La obra alcanza un 29 % de ejecución y se proyecta como un centro de mediana complejidad, con servicios quirúrgicos, mamografía y consultorios especializados, lo que permitiría reducir aún más las remisiones fuera del territorio.

Laza destaca que el trabajo articulado entre instituciones, promotores de salud y equipos extramurales ya arroja resultados concretos: cero muertes maternas y cero muertes por desnutrición infantil en Nazareth durante el periodo reciente, un dato que contrasta con los históricos indicadores que han marcado a la Alta Guajira.

Así, mientras en Bogotá y en los grandes medios el debate gira alrededor de contratos y responsabilidades políticas, en el territorio la discusión es otra: cómo garantizar atención oportuna en una de las regiones más olvidadas del país. Las lanchas, hoy en el ojo del huracán, navegan entre esas dos orillas: la del escándalo nacional y la de una necesidad urgente que sigue esperando soluciones.

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