
El municipio de El Molino, el más pequeño de La Guajira y sin un solo corregimiento en su división territorial, enfrenta una seria controversia electoral tras un incremento inusual en su censo de votantes que hoy prende las alarmas de posibles prácticas de trashumancia.
En cuestión de meses, la población habilitada para votar pasó de cerca de 7.500 a casi 9.000 ciudadanos, lo que representa un crecimiento del 11,23%, una cifra que contrasta con la realidad social del territorio, marcada por una constante migración de sus habitantes hacia el exterior.
La paradoja es evidente: mientras muchas familias abandonan el municipio en busca de oportunidades, el número de votantes crece de manera acelerada.
Las denuncias apuntan a que personas estarían llegando masivamente a inscribir sus cédulas en El Molino, en procesos que, según versiones, se estarían realizando incluso en patios y viviendas particulares, lo que pone en duda la legalidad y transparencia del procedimiento.
El propio registrador municipal encendió las alertas al elevar denuncias formales y solicitar la intervención de la Fiscalía General de la Nación, ante la posible configuración de delitos electorales que podrían comprometer la legitimidad de los próximos comicios.
En municipios de baja población como El Molino, donde cada voto tiene un peso determinante, el ingreso irregular de nuevos electores puede alterar significativamente los resultados, lo que convierte este tipo de prácticas en un riesgo directo para la democracia local.
Según el último corte, El Molino tiene registrada 9.118 cedulas, eso significa que tendría más electores que habitantes. Según el dato del censo poblacional realizado por el Dane en 2025 la población total es de 8.741 habitantes, incluidos la población venezolana. Para las elecciones del 8 de marzo del 2026, quedaron aptas para votar 8.998 peronas, esto indica que este municipio no tendría población entre los 0, a 17 años.
La población escolar solo en los dos colegios oficiales es cerca de 1400 alumnos. Además unas ochenta personas han viajado a España, Polonia, Canadá y EE UU. Esto sin contar con las que han salido para Venezuela.
Sectores de la comunidad han expresado su preocupación por lo que consideran un crecimiento artificial del censo electoral, alejado de la dinámica real del municipio, que no solo no ha crecido en población, sino que ha visto salir a muchos de sus habitantes.
La situación revive el fantasma de la trashumancia electoral en La Guajira, un fenómeno recurrente en zonas vulnerables donde el control institucional suele ser más débil y donde pequeños cambios en el censo pueden definir el rumbo político de toda una comunidad.
Por ahora, la expectativa está puesta en la reacción de los organismos de control, llamados a investigar a fondo estas denuncias y a garantizar que el proceso electoral en El Molino no sea distorsionado por prácticas ilegales,
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