EL ARTE DE ENSEÑAR: Cuando la semana institucional se convierte en un espacio para jugar, sentir y sanar con la palabra de la FILWA

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Bajo el resplandor cálido de la tarde que se filtraba suavemente, en medio del latido de la semana institucional de la mano de la FILWA, se abrió un paréntesis sagrado para el alma docente. No era una jornada más de requerimientos burocráticos ni cumplimientos de agenda; era una invitación abierta a jugar, a detener el tiempo y a volver a ser niños.


Allí, reunidos en el taller “Contando desde la ruralidad: estrategias de lectura y escritura creativa en las aulas rurales” los maestros de la Institución Etnoeducativa N.° 6 Guachaquero, ubicada en el kilómetro 20 de la vía hacia Valledupar, se embarcaron en un viaje de introspección profunda conducido por el poeta y escritor Óscar Parra. El propósito fue claro: antes de intentar conectar a los niños con el saber, los profesores debían transitar el camino de regreso a su propia infancia, sanar con la palabra y redescubrir la felicidad en las cosas simples de la vida.


Volver a la infancia para habitar el aula


El encuentro comenzó con una pausa necesaria en el trajín diario de la labor pedagógica. A través de la lectura del poema “Me acuerdo” y de dinámicas vivenciales donde los docentes cerraron los ojos, rieron, corrieron y se conectaron con su niñez, el espacio se llenó de ecos entrañables. Uno de los momentos más reveladores ocurrió cuando metieron la mano en una mochila para sacar un artículo al azar y, con los ojos cerrados, describirlo mientras dejaban que ese objeto les evocara su crianza, sus juegos y su educación
Esa inmersión íntima demostró que la brecha entre la vida de la zona rural y lo que se enseña en el pizarrón se reduce cuando el maestro enseña desde su propia sensibilidad. Comprendieron que la lectura no es un ejercicio mecánico, sino una herramienta para que ese niño y esa niña puedan conectar, sentir cada frase, transportarse y enamorarse de las letras. Ante el reto de hacer de la ruralidad un bosque a pesar de la arena, el sol, la lluvia y las piedras, la respuesta nació desde la empatía: comprender a los estudiantes que a veces llegan cansados, sin dormir, con problemas en casa o con padres enfermos, evaluándonos para entender a los pequeños antes de regañarlos o intimidarlos.

Voces que transforman el territorio

La jornada dejó una huella profunda en el corazón de la comunidad educativa, consolidándose como una experiencia enriquecedora en el marco de la FILWA, donde resonó con fuerza la premisa de que hoy no se venía a llenar formatos sino a jugar. Las palabras de los participantes reflejaron ese despertar pedagógico y humano:
“Agradecemos a Oscar Parra por hacernos esta introspección y ayudarnos a sacar a flor de piel todo lo que nuestros maestros tienen para aportar a los niños. Esta experiencia nos recordó la importancia de volver a conectar con nuestra propia historia para transformar el aula”, expresó con gratitud Juana Erazo, rectora de la Institución Etnoeducativa N.º 6 Guachaquero.

Por su parte, el profesor González, docente de la sede principal de Guachaquero, compartió con emoción lo vivido al sostener una wajireña en sus manos durante el ejercicio:
“Esto me trae muchos recuerdos de mi niñez, de mi señora abuela, porque ella desde muchachitos siempre nos decía que éramos guajiros y nos enseñó a llevar con orgullo nuestras raíces. Este taller nos invita precisamente a no perder ese punto de vista al educar a nuestros niños”.
Con iniciativas como esta, la FILWA acompañó a los educadores durante su semana institucional en el desarrollo de metodologías ligadas al territorio. Reconocer la voz de los maestros y sus territorios se convirtió en el gran tributo de la jornada, celebrando la vocación y el compromiso de quienes decidieron caminar esos senderos y sanar con la palabra. Así, cuando un maestro vuelve a la raíz, el aula entera se convierte en un territorio de libertad y amor.

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