EDITORIAL: ¿Qué le queda a La Guajira después de la visita presidencial?

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La visita del presidente Abelardo de la Espriella a La Guajira deja sobre la mesa una pregunta que no puede quedarse en los salones de gobierno: ¿qué le queda realmente a este departamento después de la presencia del jefe de Estado?

Porque La Guajira está cansada de las promesas. Cansada de los anuncios que llegan con cámaras, discursos y compromisos, pero que después se pierden en los laberintos de la burocracia. Esta tierra necesita menos fotografías y más resultados; menos diagnósticos repetidos y más soluciones que puedan sentirse en los hogares, en las comunidades indígenas, en las carreteras y en los municipios.

El presidente llegó con una agenda que incluyó un Consejo de Seguridad, un encuentro con el gobernador y los alcaldes, y su presencia en San Juan del Cesar. También se anunció la primera piedra de la Marina Multipropósito de Riohacha, un proyecto de infraestructura turística. La jornada hizo parte de la iniciativa nacional “El Milagro de las Regiones”. <Cite refs={[“turn0search6″,”turn0search8″,”turn0search10”]}/>

La seguridad, sin duda, es una prioridad. La muerte de alias “Bendito Menor”, señalada por las autoridades como un golpe a las estructuras criminales, puso nuevamente a La Guajira en el radar nacional. Pero la seguridad no puede medirse únicamente en capturas, operativos o anuncios de mano dura. La tranquilidad de los guajiros también se construye con empleo, educación, vías, justicia y oportunidades para los jóvenes.

¿Qué le queda entonces a La Guajira? Le queda la obligación de exigir que las decisiones presidenciales se conviertan en un plan de acción verificable. Que cada compromiso tenga presupuesto, responsables, cronograma y seguimiento público. Que el gobernador Jairo Aguilar Deluque y los alcaldes no permitan que las necesidades del departamento vuelvan a quedar archivadas.

Le queda también una agenda social que no admite más aplazamientos. El agua potable debe llegar a las comunidades Wayuu; los servicios públicos necesitan respuestas; la crisis provocada por el fenómeno de El Niño reclama acciones concretas para proteger a campesinos y ganaderos. Y la salud, especialmente la de los niños indígenas, no puede seguir esperando nuevas visitas oficiales.

La Marina Multipropósito puede representar una oportunidad para el turismo y la economía de Riohacha, siempre que se ejecute con transparencia, respeto por el ambiente y beneficios reales para la población local. Pero una obra turística no puede convertirse en sustituto de las necesidades básicas de un departamento que todavía reclama soluciones estructurales.

La Guajira no necesita que la descubran cada vez que llega un presidente. Necesita que la escuchen, que la respeten y que cumplan.

El verdadero balance de esta visita no se conocerá en los discursos de hoy. Se conocerá cuando el agua llegue, cuando las vías mejoren, cuando la seguridad se sienta y cuando las promesas comiencen a convertirse en realidades.

A La Guajira le queda esperar, pero también exigir. Porque este departamento ya no puede vivir de anuncios: merece resultados.

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