
Cada vez que una canción suena en una emisora, en un concierto, en una plataforma digital, en un restaurante o en una fiesta, detrás de esos tres o cuatro minutos de música hay una historia que pocas veces se cuenta: la del autor que escribió la obra y cuyo talento merece ser reconocido y remunerado.
Hace 80 años, cuando la industria musical colombiana apenas comenzaba a consolidarse, el país tomó una decisión que cambiaría para siempre la historia de sus compositores: crear una sociedad que protegiera sus derechos de autor y garantizara que quienes escribieran la banda sonora de Colombia recibieran la retribución que les corresponde por sus creaciones.
La iniciativa comenzó a gestarse en 1945 gracias a la visión de Bernardo Romero Lozano, Carlos Campos, José María Tena y José Rozo, quienes, desde el ámbito teatral y musical, comprendieron que los creadores necesitaban una organización que defendiera sus derechos patrimoniales. A este propósito se unieron, desde Barranquilla, dos figuras fundamentales de la música colombiana: Pacho Galán y Lucho Bermúdez, cuyo liderazgo fue determinante para consolidar las bases de la naciente Sociedad.
En 1946, nació oficialmente la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia (SAYCO) y el maestro Lucho Bermúdez fue el primer compositor designado como presidente, marcando el inicio de una organización que transformaría para siempre la protección del derecho de autor en Colombia.

