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Por: Rubén David Salas Arias

Para reconocer que los hogares están perdiendo poder adquisitivo por cuenta de los altos niveles de inflación, no hace falta ver las noticias o leer informes económicos, simplemente hay que salir a las calles y dar un vistazo a los precios de los bienes y servicios, y ojalá llevar así sea un monitoreo mental de cuánto se paga cada vez que se hace una compra. Desde hace varios meses incluso más allá del 2022 -desde el estallido social-., en muchas ocasiones uno se encontraba con alzas consecutivas en varios productos de alimentación, y esas alzas no demoraron en trasladarse a otros productos y servicios (en especial, materias primas como la energía).

Cuando la inflación se empezó a percibir como un problema, la política monetaria tomó el protagonismo -si es que hoy de verdad lo tiene- y se puso manos a la obra para atajar la problemática subiendo los tipos de interés (con un espacio de transmisión de mediano y largo plazo). En ese proceso de atención que funciona más como una guía de las perspectivas de mercado, las expectativas de inflación con base en proyecciones de múltiples centros de pensamiento económico han estado por debajo de los datos efectivos. Esto indica que hay una lectura no muy precisa sobre el origen de la actual inflación, su transmisión y, por tanto, de las políticas que podrían ser efectivas para proteger el poder adquisitivo de la población.

En principio se hablaba de un problema de oferta (que podría ser transitorio). Era evidente que la pandemia dejó una reducción en la capacidad instalada de las economías para ofrecer bienes y servicios, además de las crisis de suministro y comercio internacional. Mientras, la política monetaria y fiscal inyectó liquidez en la economía con la finalidad de mantener los negocios a flote y los ingresos de la población. Con el paso de los meses, empezó a darse la reapertura y la recuperación de la actividad económica. Sin embargo, llegaron nuevos choques como la guerra entre Rusia y Ucrania que aumentó los problemas de oferta. La llave de la liquidez seguía abierta, y además de un problema de oferta se generó un problema de demanda, porque son pocos los bienes y servicios para ofertar, pero la misma -o más- población con más ingresos, y en términos reales con una posición adquisitiva favorable. La discusión ha estado como una mesa de ping pong, entre si son problemas de oferta o de demanda.

El reconocido economista Olivier Blanchard en un hilo de Twitter (el día 30 de diciembre de 2022) puso sobre la mesa una arista en la discusión sobre las causas de la persistente inflación, relacionada con conflictos de distribución entre empresas, trabajadores y contribuyentes, en la cual los jugadores se verán forzados a aceptar el resultado del conflicto.

Blanchard propone que las empresas se enfrentan a altos costos en sus insumos de producción, lo cual los lleva a aumentar precios dados los salarios; mientras, los trabajadores buscan negociar salarios y mantener su poder adquisitivo dados los precios, y así sucesivamente entrando en una espiral inflacionaria. El Estado con la política fiscal podría desacelerar la economía o limitar la pérdida de poder adquisitivo subsidiando las tarifas de la energía. Esto trae un costo fiscal que recae sobre los contribuyentes a modo de impuestos o de deuda que luego debe ser solventada por los futuros contribuyentes. Sin embargo, la tarea de controlar la inflación a fin de cuentas recae sobre la política monetaria, la cual con el aumento de tasas termina desacelerando la economía y haciendo que los actores de mercado acepten ese resultado, lo cual es ineficiente porque termina en un “aterrizaje forzoso” de la actividad económica que no conviene a las partes.

Esta propuesta originó “El Club de la Pelea Macroeconómico”, y en esta ocasión todos hablan de ello. Las reacciones de varios economistas no dieron espera y las perspectivas fueron variadas, entre aquellos que se adhirieron a la propuesta y ampliaron la perspectiva como que no es sólo la política monetaria la que va a ayudar a reducir la inflación y el papel de la política fiscal sigue siendo importante, en especial con medidas que fomenten la confianza entre los actores de mercado. Sin embargo, también hay quienes rechazaron la propuesta y se sostienen en que es un problema de exceso de demanda en los mercados, y como los precios son más flexibles que los salarios, estos son el mecanismo de ajuste más sencillo.

La inflación estaría funcionando como un mecanismo de ajuste ante la políticas que atendieron al choque de la pandemia, las cuales fueron medidas de decisión intertemporal. Dado que, a través de emisión de deuda y masa monetaria que diera liquidez se ajustaron los incentivos para el fomento de la producción y el consumo, lo cual pudo ser un préstamo de la sociedad futura, desajustando las posiciones de poder de los actores de mercado y de ahí surja el conflicto evidenciado por Blanchard. Por lo que, la inflación es la factura y está reajustando el valor de los activos, las inversiones, el consumo y la producción.

De todas formas, es pertinente evaluar si los mecanismos de ajuste de precios incluyen un componente de cambio en las preferencias de los consumidores – percepción del valor de las cosas-, la destrucción de valor tecnológico que impide recuperar las facilidades de producción y la eventual oferta que asuma la latente demanda -los costos de los insumos siguen altos: por ejemplo para el caso colombiano es algo que se puede ver con el Índice de Precios al Productor, que aunque ya llegó a un pico y está desacelerándose, influye en gran medida sobre la Índice de Precios al Consumidor-, así como vulnerabilidades de los países ante la interconexión global, y un mercado laboral sólido que mantiene la capacidad de compra de los trabajadores.

Para finalizar, en este inicio de año, en el caso Colombano se vienen varios ajustes con base en el resultado de la inflación para el año 2022 -13,12%- o el aumento del salario mínimo -16%-, y esto hará que la inflación persista unos meses adicionales y el accionar institucional esté muy atento a su alcance para proteger el poder adquisitivo de la población. Para lo cual debe pensar muy bien las causas y políticas efectivas -¿Crisis + Tiempo = Economía?- que suavicen los choques, en especial para las poblaciones más pobres y vulnerables, las cuales como se ha evidenciado con los informes del DANE sufren desproporcionadamente por los choques inflacionarios en comparación con grupos de mayores ingresos que cuentan con más posibilidades de sustitución en la adquisición de bienes y servicios.