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“Nos salvamos de milagro” era la expresión de los ocupantes de una camioneta de alta gama, que por fracciones de segundo lograron pasar el puente antes que su estructura de cemento comenzara a crujir como pedazos de pan. Fue la madrugada de este martes. Muchos viajeros que regresaban de Riohacha, luego de asistir a las festividades de la Virgen de los Remedoios, entre ellos el bus de Telecaribe, cuyos periodistas y personal técnico se enteraron del colapso del puente, cuando falta poco para llegar a Santa Marta.

El estruendo fue tan fuerte, que los habitantes que ocupan cabañas y casas fincas al lado del río, pensaron que era un trueno. Después vieron lo peor: el legendario puente sobre el río Mendiguaca, en la Troncal del Caribe, habia cedido por la fuerza del agua, y con ella se vinieron abajo sueños, rutinas y la conexión entre regiones enteras. El puente Mendihuaca, en el kilómetro 37+700, quedó reducido a escombros tras la creciente súbita del río que lo sustentaba, dejando a Magdalena y La Guajira incomunicadas por carretera.

El agua no perdona. Bajo un frente frío que azota al Caribe colombiano, las lluvias intensas transformaron caminos en ríos y terrenos estables en arenas traicioneras. La fuerza de Mendihuaca no fue distinta: lo rompió en dos, como si el asfalto y el concreto no fueran más que líneas dibujadas sobre el agua.

Desde temprano, camioneros, viajeros y habitantes vieron cómo la ruta principal que durante décadas unió la costa y el interior quedó partida. Buses con pasajeros, tractomulas cargadas de alimentos, combustibles y mercancías quedaron varados junto al abismo, como si el camino se hubiera tragado el progreso de la región.

Pero la fractura no fue solo física: fue humana. Pacientes con citas médicas, estudiantes, comerciantes y familias enteras vieron sus planes desmoronarse al mismo tiempo que lo hizo el puente. El gobernador de La Guajira y la gobernadora del Magdalena elevaron un llamado urgente a la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) para que se autorice e implemente un puente militar provisional que recupere, aunque sea temporalmente, el paso entre los dos departamentos.

Mientras las autoridades discuten plazos y soluciones, la vida diaria se ha vuelto un ejercicio de resistencia. Agricultores del sur de La Guajira cuentan que sus cosechas ya no pueden llegar a los mercados de Santa Marta de forma regular. Familias del litoral se ven obligadas a usar embarcaciones pequeñas o desvíos largos para comprar alimentos básicos o recibir atención de salud. El turismo —una de las pocas fuentes económicas estables de la región— se desmorona por cancelaciones y advertencias de viaje.

En Palomino y varios corregimientos costeros, la gente camina por tramos de carretera cortados, cruzando con cuidado por la vegetación o improvisando rutas que, en un tiempo no muy lejano, parecían apenas senderos. Algunos, desesperados, ofrecen viajes informales en moto o bicitaxi por tramos que antes se recorrían en minutos, ahora necesarios por horas, encareciendo un trayecto tan cotidiano como necesario.

La tragedia no llegó sola. En Santa Marta, las lluvias también desataron aludes que arrasaron con viviendas y dejaron muertos y damnificados en barrios como Gaira. Casas se partieron, calles desaparecieron bajo el barro, y vecinos cavaron con palas, picos y manos desnudas para rescatar a quienes pudieron, ante la lentitud de la ayuda oficial.

A orillas del mar, un barco encallado en Playa Los Cocos parecía recordar que, en febrero, el Caribe no solo golpea con olas: golpea con consecuencias.

Pero Mendihuaca late aún en el recuerdo de quienes pasaban por allí cada día. Sus restos son ahora un símbolo de la fragilidad de la infraestructura y de las comunidades que dependen de ella. Hasta que un puente vuelva a unir la tierra rota, la vida cotidiana seguirá dividida: entre un Magdalena que mira hacia el norte con incertidumbre, y una Guajira a la espera de que el asfalto vuelva a ser camino y no abismo.

Impacto vial y social

  • El paso vehicular quedó interrumpido de forma indefinida, afectando no solo el transporte de carga, sino también el acceso a servicios básicos, logística comercial y la conectividad entre municipios de ambos departamentos.
  • El Ministerio de Transporte y la Agencia Nacional de Infraestructura recomiendan como alternativa la ruta Valledupar–Bosconia–La Paz–Villanueva–Riohacha, aunque implica mayores tiempos de viaje y costos logísticos.
  • Habitantes y viajeros han intentado cruzar a pie o en pequeñas embarcaciones, situación que autoridades han desestimado por riesgo de colapsos adicionales.

Respuesta institucional

Ante la emergencia, la Gobernación del Magdalena ha declarado calamidad pública y solicitado a la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) la instalación de un puente militar provisional para restablecer la conectividad en la mayor brevedad posible. Esta obra temporal busca habilitar un paso seguro mientras se evalúa la reconstrucción definitiva de la estructura.

Además, organismos departamentales y municipales coordinan trabajos de señalización, control de tránsito y atención comunitaria por la magnitud del impacto.

as autoridades locales y nacionales ya han iniciado gestiones para habilitar soluciones temporales y, posteriormente, definitivas tras el colapso de la estructura sobre el río Mendiguaca, que dejó incomunicada la vía Santa Marta–Riohacha y paralizó la Troncal del Caribe.

Puente provisional

  • Los gobernadores del Magdalena y La Guajira han solicitado formalmente a la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) la instalación de un puente militar modular, similar a los que el Ejército y UNGRD han colocado en otras emergencias viales dentro de Colombia.
  • Este puente militar, construido con tramos metálicos prefabricados y apoyado en bases reforzadas, permite restablecer el tránsito vial en un tiempo mucho menor que una obra convencional.
  • Según declaraciones de autoridades regionales sobre el caso actual, la instalación de un puente provisional podría tardar aproximadamente unos 40 días desde su aprobación y llegada al sitio.

Evaluación técnica de la infraestructura existente

  • Paralelamente, equipos técnicos de Invías e Ingenieros civiles están realizando una evaluación detallada de la estructura colapsada y sus estribos, con el fin de determinar el alcance de los daños y si puede aprovecharse alguna base estructural para la reconstrucción definitiva.

Reconstrucción definitiva

  • Una vez asegurado el tránsito temporal y completadas las evaluaciones estructurales, el proceso de diseño y reconstrucción de un puente permanente en el corredor de la Troncal del Caribe requerirá:
    • Estudios de ingeniería (topografía, geotecnia, capacidad hidráulica del río).
    • Diseño estructural detallado que incorpore criterios de resistencia a crecientes e inundaciones frecuentes.
    • Contratación de obra pública mediante licitación o contrato con supervisión técnica de Invías/ANI.

Escenarios de rehabilitación del paso vehicular

Puente sobre el río Mendiguaca – Troncal del Caribe

EscenarioTipo de soluciónTiempo estimadoCapacidad y alcance
Emergencia inmediataCierre total + desvíos0–7 díasSin tránsito. Afectación total de la Troncal del Caribe
Solución provisionalPuente militar modular (metálico)30–45 díasTránsito controlado: vehículos livianos y carga moderada
Solución definitivaNuevo puente en concreto/acero12–24 mesesTránsito pleno, diseño hidráulico y estructural actualizado

Conclusión técnica: la única forma viable de restablecer rápidamente la movilidad es mediante un puente provisional, mientras se desarrolla en paralelo la obra definitiva.

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