PUENTE DE VIDA: La Troncal del Caribe, vuelve a retomar vida tras la puesta en funcionamiento del puente militar sobre el río Mendihuaca

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Este puente militar con capacidad registringida comenzienza a funcionar desde este martes 31 de marzo.

Durante semanas, el silencio se apoderó de uno de los corredores más vitales del Caribe colombiano. El rugir de los motores se apagó, los buses dejaron de pasar y los viajeros quedaron a la espera. Entre Santa Marta y Riohacha, la carretera parecía suspendida en el tiempo tras el colapso del puente sobre el río Mendihuaca.

Pero este panorama empezó a cambiar.

Doce días bastaron para que, en medio del calor, el polvo y la urgencia, ingenieros, soldados y operarios levantaran una solución donde antes solo había incertidumbre. Desde el pasado 9 de marzo, cuando llegaron las primeras piezas metálicas al sector de Mendihuaca, comenzó una carrera contra el tiempo. El objetivo era claro: devolverle la vida a la Troncal del Caribe antes de que la temporada de Semana Santa movilizara a miles de viajeros.

Hoy, el paso vuelve a estar abierto.

El nuevo puente militar, una estructura metálica modular de 64 metros de longitud, se alza firme sobre el río, como símbolo de una respuesta rápida ante la emergencia. Por él ya cruzan vehículos de carga, buses y turistas, soportando hasta 52 toneladas en un tránsito que, aunque alternado, devuelve la conexión entre dos territorios que dependen profundamente de esta vía.

Detrás de la obra hay una coreografía institucional que se movió sin pausa. La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres lideró la instalación con el apoyo del Ejército Nacional, mientras el Instituto Nacional de Vías se encargó de las obras complementarias y la adecuación del terreno. La Gobernación del Magdalena también sumó esfuerzos logísticos para hacer posible lo que, días atrás, parecía lejano.

Todo esto, después de que el 3 de febrero las lluvias golpearan con fuerza y provocaran el colapso del antiguo puente, dejando incomunicados a Magdalena y La Guajira. El impacto no solo fue vial: comerciantes, transportadores y comunidades enteras sintieron el peso del aislamiento.

Hoy, el panorama es distinto. Aunque el paso es controlado y habrá cierres temporales por mantenimiento, la vía vuelve a latir. La Troncal del Caribe, arteria clave del norte del país, retoma su ritmo justo cuando más se necesita.

Y así, entre el sonido metálico de la estructura y el paso cauteloso de los primeros vehículos, el Caribe colombiano recupera algo más que un puente: recupera su conexión, su movilidad y, en parte, su tranquilidad.

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