



La hsitoria se repite. Maicao sería declarada en emergencia en las próximas horas, ante la sequia que registra el río Jordan, el principal afluente que surte del preciado liquido a los casi 200 mil habitantes que viven en la frontera con Venezuela. Hasta hace unas semana, la ciudad estaba agobiada por las lluvias. Las calles se convirtieron en verdadero rios. Ahora la agonia es porque En Maicao, donde el viento suele arrastrar polvo y calor desde la península, el agua empieza a escasear de una forma que ya no se puede ignorar.
No se trata de una alarma lejana ni una advertencia técnica: es una realidad que se cuela en los hogares, en los barrios sin importar los estratos sociales, en los tanques vacíos que resuenan más de lo habitual.
El río río Jordán, que históricamente ha sido la columna vertebral del sistema de acueducto, hoy baja cansado. Su caudal ha disminuido en un 70%, una cifra que, más allá del dato, se traduce en incertidumbre diaria para miles de habitantes. Donde antes corría suficiente agua para sostener la vida urbana, ahora apenas alcanza para mantener a flote una operación que lucha contra el déficit.
La ciudad necesita más de 600 litros por segundo para abastecerse. Hoy, apenas recibe cerca de 100. La diferencia no es solo matemática: es la distancia entre abrir una llave y encontrar agua, o girarla en vano.
En respuesta, la empresa operadora ha tenido que recurrir a lo que alguna vez fue respaldo: las entrañas de la tierra. Los pozos profundos se activan como salvavidas, pero su alcance es limitado. No pueden operar más de 12 horas al día, bajo las restricciones de Corpoguajira, y su caudal tampoco logra compensar la sed de toda una ciudad.
Mientras tanto, el sistema pierde fuerza. La presión baja. El agua ya no llega con la misma intensidad, ni a todos los rincones. En los sectores más altos y en las zonas periféricas, el servicio se vuelve intermitente, casi un privilegio que aparece por horas y desaparece sin aviso.
La causa es silenciosa pero persistente: la ausencia de lluvias. La temporada seca se ha extendido más de lo esperado, dejando a la Planta de Tratamiento El Jordán sin su insumo esencial. Y con ello, a Maicao al borde de una emergencia que apenas comienza a tomar forma.
En las calles, la conversación cambia. Ya no es solo el calor, ni el comercio, ni la política, mucho menos la dinámica de frontera. Es el agua. Cuándo llega, cuánto dura, si alcanzará.
Las autoridades monitorean, distribuyen, ajustan. Hablan de equidad en la sectorización, de optimización del servicio. Pero en el fondo, todos saben que la solución no está solo en la operación técnica, sino en el cielo que no llueve y en el río que cada día trae menos.
Maicao, acostumbrada a resistir, vuelve a enfrentarse a una prueba. Esta vez, no es el bullicio de la frontera ni las tensiones del comercio. Es algo más básico, más urgente: la lucha por cada gota.
