Comparte esta noticia

Fotos Cortesía familia Sepúlveda, Portada de Q’Hubo.

La tarde del 11 de octubre será histórica para los habitantes de Palomino. A esas paradisiacas tierras caribeñas, llegarán las cenizas de Marta Liria Sepúlveda, la gerente para La Guajira y el Cesar de la empresa Cóndor, a la cual estuvo vinculada durante 27 años. Ella ha pedido a su hijo, Federico, que sus restos sean esparcidos en el mar Caribe. Qué su nombre quede grabado en la tierra donde fue feliz, donde conoció al amor de su vida: Amílcar Redondo Rivadeneira, y donde se gestó su único hijo.

Los restos llegarán al aeropuerto Alfonso López de Valledupar. De allí, en un vehículo particular Amílcar Redondo y su hijo Federico, traerán el cofre de madera a La Guajira, la tierra de sus amores, en donde aprendió a cantar vallenato, a tomar cerveza bien fría, a reírse y disfrutar la vida. Marta Lina es una guajira de corazón, a quien todos la quieren en este territorio.

A Marta Liria Sepúlveda, solo le quedan, menos de cuatro días de vida. Ella lo dispuso así, al solicitar la aplicación de eutanasia, no quiere seguir padeciendo por la dura enfermedad que la agobia desde hace un tiempo. Una esclerosis lateral amiotrófica o ELA, que la ha privado de muchas cosas, menos del derecho a reír a carcajada, como siempre lo hizo.

Su historia es hermosa. Llegó a La Guajira hace 27 años, para manejar el proyecto de recuperación de la capa asfáltica de la carretera Santa Marta – Paraguachón. Se enamoró de estas tierras y conoció a Amilcar Redondo Rivadeneira, el amor de su vida. De esta unión, nació su hijo Federico, un joven abogado que han asumido con maduréz la situación de su madre.

La prensa nacional destaca su decisión.

Marta Liria es noticia por estos días. Se ha convertido en la primera mujer católica, llena de fe, esperanza, que pide la eutanasia, para frenar el martirio que le produce llevar sobre sus hombros una extraña enfermedad, que solo afecta a 5 de cada 100 mil personas en el mundo.

Fue una líder en el manejo de los proyectos viales en La Guajira y el Cesar. Llegó a este territorio cuando apenas tenía 21 años de edad. Era una jovencita llena de vida y esperanza. Por esa época se estableció en Palomino, un corregimiento de Dibulla, en donde fue ‘embrujada’ por las olas del mar y los hielos de la Sierra Nevada de Santa Marta, que veía todas las mañana, cuando el clima lo permitía.

Marta Lina y su hijo, Federico Redondo.

Junto a su hijo y su familia, y pidiéndole perdón a Dios, solicitó que se le aplicara la eutanasia. Esa ha sido la noticia. Ella es una paisa que siempre le sonrió a la vida. Su vida le cambió cuando a sus 51 años, le diagnosticaron esclerosis lateral autotrófica. Con el pasar de los meses los dolores indescriptibles se volvieron el pan de cada día en su vida. La enfermedad le quitó la posibilidad de caminar y desplazarse por sí misma. Motivo por el cual acudió a la justicia colombiana en búsqueda de tener una pronta y digna muerte. Y, aunque el proceso de aprobación al procedimiento de Eutanasia por parte de la EPS puede ser un dolor de cabeza, a Marta se lo aprobaron después de mucho insistir.

“Estoy más tranquila desde que me autorizaron el procedimiento: me río más, duermo más tranquila”, dijo ante las cámaras de Caracol cuando la entrevistaron. “Si es desde el plano espiritual, yo estoy totalmente tranquila. Soy una persona católica, me considero muy creyente de Dios, pero, repito, Dios no me quiere ver sufrir a mí y yo creo que a nadie. Ningún padre quiere ver sufrir a sus hijos”,

Cuatro días después de ser aprobada esta práctica, decidió iniciar la petición y fue el 6 de agosto el día en el que ella podía definir la fecha de su muerte. Inicialmente había decidido el 31 de octubre, pero finalmente lo adelantó para este 10 de octubre. No siente miedo. Sonríe pese a tener la muerte cabalgando a sus espaldas. Sin saber que sería dueña de señalar el día de su muerte, aprovechó cada instante de su vida para disfrutar, amar, pasear, disfrutar de la música vallenata, tomar cerveza fría, soñar a orillas del mar en Palomino, tierra donde vivió durante muchos años.

“Yo lo vi como el acto de amor más grande que he hecho nunca en mi vida, porque a priori yo necesito a mi mamá, la quiero conmigo, casi que en cualquier condición, pero sé que en sus palabras ya no vive, sobrevive. Ahora estoy enfocado en hacerla feliz, en hacerla reír, en recochar un poco y en que su estancia en la Tierra, lo que le queda, sea un poco más amena”, dice Federico Redondo su hijo de 22 años.

Marta Liria, fue gerente de la empresa Cóndor, dedicada a la construcción de vías en Colombia. Impulsó proyectos como la carretera Pailitas – San Roque – Pelaya – Curumaní – Rincón Hondo. También la recuperación de la capa asfaltica de la vía Santa Marta Paraguachón.

«Ella es una mujer alegre, le gusta mucho la música vallenata, los paseos, viajes al exterior. Era una enamorada de la vida. Siempre sonreía, pero era muy sería en su trabajo. Sabía regañar» dice Gabriel Pinto, exdiputado de La Guajira, pastor evangelico, quien junto a Marta fundó una empresa trituradora de materiales, lo que le permitió apartarse de las actividades políticas.

Gabriel Pinto, amigo y socio de Marta Liria.

«Aprendí mucho de Marta, de esa paisa maravillosa, quien me enseñó a trabajar con seriedad, responsabilidad, criterios técnicos, con muchos regaños, pero al final siempre entendíamos que era lo mejor para hacer las cosas cada día con excelencia. Ella se siente guajira, la mitad de su vida la pasó en estas tierras, es una paisa, pero con estilo guajiro» dice Gabriel Pinto.

La esclerosis lateral autotrófica o ELA, es una enfermedad de las neuronas en el cerebro, el tronco cerebral y la médula espinal que controlan el movimiento de los músculos voluntarios. La ELA también es conocida como la enfermedad de Lou Gehrig.

Uno en 10 casos de ELA se debe a un defecto genético. La causa se desconoce en la mayoría del resto de los casos.

En la ELA, las células nerviosas (neuronas) motoras se desgastan o mueren y ya no pueden enviar mensajes a los músculos. Con el tiempo, esto lleva a debilitamiento muscular, espasmos e incapacidad para mover los brazos, las piernas y el cuerpo. La afección empeora lentamente. Cuando los músculos en la zona torácica dejan de trabajar, se vuelve difícil o imposible respirar.

La ELA afecta aproximadamente a 5 de cada 100,000 personas en todo el mundo.

Tener un familiar que presente una forma hereditaria de la enfermedad es un factor de riesgo de ELA. Otros riesgos incluyen el servicio en las fuerzas armadas. Las razones de esto no están claras, pero puede tener que ver con la exposición ambiental a toxinas. 

En Colombia, la eutanasia fue despenalizada con la Sentencia C-239 de 1997, documento en el que se consagró a la muerte digna como un complemento del derecho fundamental a la vida digna. Desde entonces, se emitieron varias sentencias autorizando el procedimiento médico hasta convertirse en ley el 20 de abril de 2015.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *