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Por: Jaimelis Fonseca y Saúl Sierra

No es considerado el mejor de los años a nivel mundial. Expresión clara de entender y sin duda alguna, si se le pide opinión a carraipiuno alguno, se le aguan los ojos para decir así, como si se tratara del peor de los años. Este corregimiento de Maicao, ha vivido situaciones de mucha dificultad en cuanto a lo económico y social se refiere, pero en esta oportunidad, la pérdida irreparable de muchas personas en la población ha desencadenado un desanimo general y no es para menos, en pueblo pequeño, todo sentimiento se contagia, porque son una sola familia.
En 6 meses este terruño ha perdido a persona invaluables que le daban esencia a la cotidianidad e historia de esta población, Geminse Táfur Castro (El mecánico del pueblo), Guillermo Ortiz Solano (Un joven con sueños y metas), Harlen Gutiérrez Loaiza (Un hombre servicial y de familia honrada), Pedro Milton Barros Villegas (Joven de familia unida y pujante), Bernardo Olarte Loaiza (Autor de la única canción dedicada a esta tierra), Belisa Ospino de Pinto (Personaje histórico de la oralidad de Carraipia) y el pasado 01 de Julio, Erlinda Leonor Carrillo Medina, “La Pitoca”.
Decir “Pitoca”, es ubicarse en un personaje reservado en letra gótica para la historia de Carraipia, ella era una carraipiuna cien por ciento, humanitaria como ninguna, quien demostró con sus obras, que no se necesita ser adinerado para tenderle la mano al más necesitado, sus recuerdos nos permiten compararla con el servicio de Santa Teresa de Calcuta, su casa ere el lugar de paso de personas que también vivieron por mucho tiempo ahí, indígenas, desamparados, ancianos sin familia y otros que encontraban en sus manos, el pan y el agua que los había mantenido sedientos y hambrientos.  Ahí se comparaba con San Camilo. Pasmar las guerras y hablar de paz, era su deleite, semejante a Nelson Mandela. “Pitoca” era un personaje de resonancia aquí en Colombia en muchos municipios de La Guajira y en el hermano país de Venezuela, donde también ayudó a muchos.

Carraipia está triste

En Carraipia el silencio es total, solo se escucha el zumbido de la brisa, simulando malestar, se fue un alma servicial, una mujer trabajadora desde su niñez, comerciante, agricultura, matarife, gasolinera, enfermera, fiestera, espontanea, bondadosa, sin duda alguna una gran pérdida para este pueblo que ha visto marchar a muchos y que hoy en medio de la pandemia, les toca llorar a solas, sin poder recibir el abrazo de consuelo que en los funerales es característico en esta tierra de alcaravanes. Ahora también enfrentan el virus, el temor y el dolor se ha apoderado de esta tierra.
Todo un pueblo, aún aquellos que no han logrado recuperarse de su reciente dolor, se unen a las condolencias de su Señor esposo Juan Blanco Solano, y sus hijos: Ledis, Senaida, Freddy, Fany, Marolis, Diana, Víctor, Paola y Juan Andrés.
Carraipia anhela con ansias que esta pandemia termine pronto, a los hijos, familiares y amigos de «La Pitoca» les ha tocado llorarla de lejos, luego de un traslado falleció en una clínica de la ciudad de Valledupar, donde debido a las condiciones en las que nos ha obligado a vivir la pandemia, no han permitido repatriar su cuerpo, ya no la podrán ver más. Que todo esto pase, es lo que pide Carraipia y así al menos en medio de abrazos poder calmar la melancolía, que les ha tocado vivir, velando a sus muertos a través de las redes sociales.

A Carraipia no llega ayuda humanitaria, sus habitantes parecen no ...

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