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«Santo remedio, la secretaria del secretario le suplicó: ¡Hay señor no vaya a mostrar sus nalgas, deben estar bien arrugadas y blanquitas..!

BENJAMIN EZPELETA ARIZA

Por: José Ceferino Nieves Orozco

“Médico de profesión, historiador por convicción y humorista por pasión”
Transcurría el segundo semestre del año 2003 cuando fungía como Directivo del Fondo Mixto de la Cultura de La Guajira en representación del Ministerio de la Cultura, siendo gerente Zoraida Salcedo Mendoza, representaba a la Cámara de Comercio Eliana Melo Brito, Cenaida Pana y Jorge Estrada al consejo departamental de cultura, Alfonso Martínez a los aportantes independientes y Betty Almazo Acosta representante del gobernador. Ése mismo año se presentó la caída del imperio Deluque Freyle y subía el de Ballesteros Bernier a la Gobernación de La Guajira.
Cada Directivo presentaba un candidato para homenajear en vida y de la lista presentada, se escogía los mejores personajes por su trayectoria y logros culturales. Presenté al compositor Rafael Manjarrez Mendoza y me lo rechazaron por ser notario en Riohacha y ganar buen sueldo. Me quedó un haz debajo de la manga mi predilecto amigo Benjamín Ezpeleta Ariza, presidente de la Academia de Historia de La Guajira y Miembro Academia colombiana de Historia; pero con un arroyito que tenía que atravesar. “Yobenjá” tenía en esos momentos los cables pelados y sulfatados con el Fondo Mixto, estaba en mora con un proyecto de recursos reembolsable que se le había aprobado años atrás. La condición de la Directiva que dialogara con Benjamin, hacerle cruce de cuenta, ponerlo a paz y salvo y entregarle el excedente del incentivo. Solicité permiso en la reunión, lo llamé al celular, le expliqué la situación y él aceptó.
El incentivo constaba de Tres Millones de Pesos, Ezpeleta debía millón y pico.
La sorpresa que a fin de año cuando se entregaron los incentivos a los homenajeados en el Centro Cultural con Gobernador a bordo, Benjamín no aguantó la emoción y en su corto discurso dio las gracias y a su vez se congració con un alto sentido del humor: “Los homenajes en vida suelen hacerse a las personas que huelen a cedro, pero en mi caso, no es así, todavía no estoy para morirme”. Cuando Benjamín dijo esto, más de una copa del brindis del coctel cayó al piso por el desplome de carcajadas.
La anécdota más hermosa se presentó al día siguiente cuando por radio Delfín y demás emisoras y periódicos de la península se anunciaba que el historiador había recibido la suma de tres millones de peso como incentivo a sus logros culturales. “Yobenjá” me contó esta infidencia que todas las culebras (patoco, cascabel, rabo seco, panamá, cobra, boca dorá, etc) que él hacía muertas, revivieron con el incentivo. Ése mismo día en su residencia ubicada por la virgencita, desde la buena mañana, había una fila de gente parecida a la de Familias en Acción, cobrándole a Benjamín. Su señora se dio cuenta al salir al patio de la calle a barrer la puerta y previno a “Benja”. Éste asustado por el culebrerío, no tuvo otra salida que volarse por el patio trasero para ir al Banco a cobrar el famoso cheque cuyo efectivo estaba más embolatado que mandar un a yuca de encomienda con un cerdo.
Viene lo bueno. Aproximadamente a las 8:30 a.m me encuentro con Benjamín en una fila del Banco Popular ubicado en la Avenida de La Marina en la calle primera de Riohacha. Lo noté sudoroso, su pulso estaba helado, y su sistema cardiovascular un poco acelerado. Noté en su pantalón gotas de sangre y muerto de la risa me contó las peripecias que tuvo que pasar para salir de casa y volándose la cerca trasera, quedó colgado del pantalón y una lámina de cin le rompió el interior y logró acariciarle los escrotos. Ahora si entiendo los rastros de sangre.
Les confieso que a mí se me subían las defensas cada vez que compartía con Benjamín, fue un hombre excepcional que tenía un exquisito sentido del humor.
Recuerdo otra anécdota cuando publiqué mi tercer libro Anécdotas Wayuu, él fue quien realizó las correcciones de estilo y me cobró cien mil pesos y le adelanté el cincuenta por ciento. A los quince días nos encontramos en el Callejón de las Brisas, me hizo entrega del material corregido y me cobró el resto. Le dije que para mañana porque en el momento no tenía efectivo. También me increpó diciéndome: ¡Ve José Nieves, tu bien sabes que yo no tengo mañana!, así que búscame los cincuenta mil ya. Me tocó ir al cajero de Granahorrar que lo tenía a las narices.
Otra anécdota fue con el secretario de hacienda de la Gobernación de La Guajira el doctor Omar Obando Dáez, resulta que La Gobernación le financió la publicación del libro Patrimonio Cultural Turístico de La Guajira. El secretario le venía bailando el indio hacía mucha rato para girarle el último desembolso. Un día Benjamín amaneció con los Ezpeleta y los Ariza revueltos. En vista que siempre encontraba el muro de Berlín en hacienda, no tuvo otra que aplicar la estrategia Antanas Mokus. Mandó avisarle al secretario que si no salía a solucionarle su problema, se quitaba el pantalón y mostraba las nalgas. Santo remedio, la secretaria del secretario le suplicó: ¡Hay señor no vaya a mostrar sus nalgas, deben estar bien arrugadas y blanquitas!.
Salió Benjamín con su cheque en las manos y contando su historia.
Cada vez que me veía con él, le preguntaba: ¿Cómo estas “Benja”?. Él con su sentido del humor a flor de labio me respondía: ¡Con los nueve huecos funcionando!

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